viernes, 16 de mayo de 2014

EL FUEGO DE LA MEMORIA "LA MANTITA", 2º C MARÍA DEL CARMEN BRENES

MI MANTITA


Daría todo por tener a la persona que me la regaló conmigo y poderlo abrazar y besar, pero lo único que me queda de él son muchos recuerdos y esa mantita rosa y blanca que me regaló en mi segundo cumpleaños. 
 
Recuerdo muy bien  ese día, fue uno de los mejores que recuerdo de mi infancia. Cuando desperté por la mañana me dieron un desayuno especial de cumpleaños: dos magdalenas rellenas de chocolate con sabor a fresa y en cada una una vela. A la hora de comer llegué a casa de mis abuelos y allí estaba él, sentado en su butaca con esa gran sonrisa que iluminaba la casa y con un pequeño paquete en su mano. 
 
Saludé a la familia y fui hacia él, me dio su beso especial para su pequeña, o como el me solía llamar, la pequeñaja de la casa. Sentada en sus piernas solo miraba el regalo y él con voz alegre me dijo: "Ábrelo cumpleañera, es tu regalo, espero que te guste". 
 
Sin pensármelo dos veces lo abrí rápidamente y encontré  esa mantita rosa y blanca bajo aquel papel de las Super-nenas. La abracé y luego lo abracé a él. 
 
Nueve años después de aquel cumpleaños, era de nuevo el día. Me levanté y como años atrás esperaba mi desayuno especial de cumpleaños, pero este era diferente. La casa estaba en silencio, solo se escuchaba un pequeño llanto que venía del salón. Era mi madre. Le pregunté qué le pasaba y ella, con su cara bañada en lágrimas me dijo: "El abuelo". Sentí que se me partía el corazón y las lágrimas empezaron a caer de mis ojos. 
 
Corriendo fui a mi habitación, me tendí en la cama y abracé  la manta que con tanto amor me regaló ese abuelo por mi segundo cumpleaños y al que todavía a día de hoy, dos años después de su muerte, extraño cada día mas. 
                     

(María Carmen Brenes Rodríguez, 2º C)

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