Os voy a contar una historia que nadie
sabe.
Lucía era una chica que padecía muchos dolores en su interior. Ella estaba mala pero a simple vista no parecía estarlo. Sus padres decidieron llevarla a la casa de una bruja para que la curara. La bruja le dijo que tenía que purificarse en una playa.
La bruja fue con Lucía a la playa.
Lucia
se metió en la orilla con un traje largo y blanco. La bruja la hipnotizó y ella
se quedó dormida. Lucía se sentía en las nubes.
La bruja recitó un par de frases en
latín y la purificó echándole agua por la cabeza. De repente, Lucía empezó a
elevarse, viajaba por las nubes.
Era una sensación de terror y pánico. Las
nubes se volvieron cada vez más grises y negras. Desapareció el sol. En mi
interior me recorría una sensación muy triste puesto que este día me recordaba
a mi último cumpleaños, que fue sin duda, el peor de todos.
Yo temía por la vida de Lucía, puesto
que sentía algunas mariposas en mi estómago por ella. Puedo decir que por
primera vez en mi vida estaba enamorado. No quería que le pasara nada y si le
pasaba, me moría yo. Le rezaba a Dios para que se curara pero por más que
rezara, la vida de Lucía dependía de aquella bruja.
Lucía aterrizó en la arena, suavemente.
Estaba pálida. Sus ojos estaban cerrados y sus manos y piernas hacían
movimientos extraños. Como si alguna persona se estuviera introduciendo en su
interior. La bruja la había purificado y la había curado de sus males, pero lo
que nadie sabía y solo esa bruja veía es que yo era esa persona que se
introducía en su interior. Yo era un fantasma que nací y morí para salvar la
vida a Lucía. Lucía iba a morir cuando la bruja terminó de purificarla y yo, di
la vida por ella.
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